PRIMAVERA 2.009
Hoy es día 7 de abril. El día ha amanecido algo lluvioso, pero no hace demasiado frío. Como suelo hacer frecuentemente, visito las afueras de mi ciudad, Cerdanyola del Vallés, con el fin de observar esos cambios que producen el paso de las estaciones.
Como ocurre cada primavera, el Parc de la Riera de Sant Cugat se convierte en una sinfonía de cantos y llamadas de esos pajarillos que todos hemos visto, pero que poca gente conoce en toda su dimensión. Hay uno que llama especialmente mi atención: se trata del Ruiseñor Común. Oigo su canto por primera vez esta primavera. Y sólo hay un individuo, escondido entre la densa vegetación de la riera. Resulta asombroso para un pajarillo de un tamaño menor que el de un gorrión, haber hecho tan largo viaje como es el de regresar desde el Africa ecuatorial. En el camino vuela sólo de noche. Suele instalarse en zonas con mucha maleza y, a veces, cerca del agua. Pero tampoco desprecia otros sitios, como el monte bajo con tupidos matorrales e incluso parques y jardines. A veces se posa en las ramas de un chopo, escondido entre sus hojas, desde donde lanza su canto, que es audible a bastante distancia y es uno de los más maravillosos de todos los que emiten las pequeñas aves canoras.
No obstante, en mi caminar a lo largo de la riera, hoy me sorprende también la llamada por primera vez de un Mosquitero Papialbo. Este procede también de Africa y llega puntual a la cita primaveral para reproducirse. En la riera no es muy frecuente encontrarlo. Su hábitat preferido son los montes bajos con pinares y sotobosque con capas herbáceas, en donde suele construir el nido, al igual que el Ruiseñor Común.
Otra de mis sorpresas de hoy a lo largo de la riera es el descubrimiento de una Curruca Capirotada, es decir, su canto, pues resulta bastante difícil verlas. Además, como todas las aves, se mueven constantemente. La capirotada tiene un canto inigualable, y en opinión de algunos ornitólogos, sólo la supera el ruiseñor. La que descubro hoy debe de formar parte de un grupo de los primeros en llegar de Africa, puesto que hasta la fecha sólo he podido comprobar el canto de algunas otras especies sedentarias, como la Cabecinegra, muy frecuente en Catalunya.
Con el revolotear de esos otros pajarillos sobre los frondosos árboles de la riera, como son los jilgueros, verdecillos, verderones, herrerillos, carboneros -sin olvidar los siempre presentes estorninos y algún que otro picapinos- , abandono la Riera de Sant Cugat y me dirijo al monte de la parte alta de Bellaterra, en donde puedo comprobar la presencia, como cabía esperar por el tipo de hábitat, del ya mencionado Mosquitero Papialbo. Pero, además, cuando llego a una zona despoblada, en parte llana, pero también con una profunda hondonada y un promontorio, llega a mis oídos ese parloteo o reclamo constante de los primeros abejarucos comunes. Se trata de un ave muy vistosa, exótica, que nos visita también cada primavera, procedente de Africa. Dado que en esta zona existen muchas torres de alta tensión, tienen la costumbre de posarse en los cables, en donde el macho trata de atraer a la hembra ofreciéndole sobre todo abejas y abejorros. Además, tienen la costumbre de construir el nido en las paredes de areniscas, en donde excavan un agujero de más de medio metro de largo. Aquí hubiesen encontrado el lugar ideal -como he podido comprobar en otras ocasiones-, si no fuera porque la zona ha sufrido, desgraciadamente, una transformación, con la construcción de una carretera cerca del muro de tierra en donde anidaban. De todas formas, los abejarucos siguen siendo bastante abundantes.
Para terminar, diremos que es asombrosa la capacidad de supervivencia, año tras año, de las aún numerosas aves que nos rodean, a pesar de nuestro desarrollo insostenible, que provoca verdaderas infamias contra su hábitat. A veces pienso que no nos merecemos los cantos que cada primavera gratuitamente nos ofrecen.
Hoy es día 7 de abril. El día ha amanecido algo lluvioso, pero no hace demasiado frío. Como suelo hacer frecuentemente, visito las afueras de mi ciudad, Cerdanyola del Vallés, con el fin de observar esos cambios que producen el paso de las estaciones.
Como ocurre cada primavera, el Parc de la Riera de Sant Cugat se convierte en una sinfonía de cantos y llamadas de esos pajarillos que todos hemos visto, pero que poca gente conoce en toda su dimensión. Hay uno que llama especialmente mi atención: se trata del Ruiseñor Común. Oigo su canto por primera vez esta primavera. Y sólo hay un individuo, escondido entre la densa vegetación de la riera. Resulta asombroso para un pajarillo de un tamaño menor que el de un gorrión, haber hecho tan largo viaje como es el de regresar desde el Africa ecuatorial. En el camino vuela sólo de noche. Suele instalarse en zonas con mucha maleza y, a veces, cerca del agua. Pero tampoco desprecia otros sitios, como el monte bajo con tupidos matorrales e incluso parques y jardines. A veces se posa en las ramas de un chopo, escondido entre sus hojas, desde donde lanza su canto, que es audible a bastante distancia y es uno de los más maravillosos de todos los que emiten las pequeñas aves canoras.
No obstante, en mi caminar a lo largo de la riera, hoy me sorprende también la llamada por primera vez de un Mosquitero Papialbo. Este procede también de Africa y llega puntual a la cita primaveral para reproducirse. En la riera no es muy frecuente encontrarlo. Su hábitat preferido son los montes bajos con pinares y sotobosque con capas herbáceas, en donde suele construir el nido, al igual que el Ruiseñor Común.
Otra de mis sorpresas de hoy a lo largo de la riera es el descubrimiento de una Curruca Capirotada, es decir, su canto, pues resulta bastante difícil verlas. Además, como todas las aves, se mueven constantemente. La capirotada tiene un canto inigualable, y en opinión de algunos ornitólogos, sólo la supera el ruiseñor. La que descubro hoy debe de formar parte de un grupo de los primeros en llegar de Africa, puesto que hasta la fecha sólo he podido comprobar el canto de algunas otras especies sedentarias, como la Cabecinegra, muy frecuente en Catalunya.
Con el revolotear de esos otros pajarillos sobre los frondosos árboles de la riera, como son los jilgueros, verdecillos, verderones, herrerillos, carboneros -sin olvidar los siempre presentes estorninos y algún que otro picapinos- , abandono la Riera de Sant Cugat y me dirijo al monte de la parte alta de Bellaterra, en donde puedo comprobar la presencia, como cabía esperar por el tipo de hábitat, del ya mencionado Mosquitero Papialbo. Pero, además, cuando llego a una zona despoblada, en parte llana, pero también con una profunda hondonada y un promontorio, llega a mis oídos ese parloteo o reclamo constante de los primeros abejarucos comunes. Se trata de un ave muy vistosa, exótica, que nos visita también cada primavera, procedente de Africa. Dado que en esta zona existen muchas torres de alta tensión, tienen la costumbre de posarse en los cables, en donde el macho trata de atraer a la hembra ofreciéndole sobre todo abejas y abejorros. Además, tienen la costumbre de construir el nido en las paredes de areniscas, en donde excavan un agujero de más de medio metro de largo. Aquí hubiesen encontrado el lugar ideal -como he podido comprobar en otras ocasiones-, si no fuera porque la zona ha sufrido, desgraciadamente, una transformación, con la construcción de una carretera cerca del muro de tierra en donde anidaban. De todas formas, los abejarucos siguen siendo bastante abundantes.
Para terminar, diremos que es asombrosa la capacidad de supervivencia, año tras año, de las aún numerosas aves que nos rodean, a pesar de nuestro desarrollo insostenible, que provoca verdaderas infamias contra su hábitat. A veces pienso que no nos merecemos los cantos que cada primavera gratuitamente nos ofrecen.
