EL LEGADO DE FELIX RODRIGUEZ DE LA FUENTE
En la convulsa sociedad de los años treinta, poco espacio quedaba para que los españoles nos preocupáramos de los temas ecológicos. La Naturaleza estaba allí donde había estado siempre: al servicio de los propietarios de los cotos de caza y fincas privadas. El exterminio de la fauna molesta comenzó con las leyes franquistas, como todo el mundo sabe, pero tampoco se ha detenido hasta la fecha.
Sin embargo, en la historia de los pueblos siempre se produce algún alumbramiento para mitigar las desgracias. En este caso fue el 14 de marzo de 1.928, con la venida al mundo en Poza de la Sal (Burgos), de un hombre que habría de influir de forma decisiva en el concepto que se tenía de ecología y conservación de la naturaleza a partir de la muerte de Franco.
Félix Rodríguez de la Fuente podríamos muy bien decir que llevaba sangre de lobo en sus venas, pues la iba a necesitar para enfrentarse a estamentos como el antiguo ICONA, heredera de prácticas que nada tenían de ecologistas y mucho menos conservacionistas. El supo transformar poco a poco muchos conceptos equivocados de este país, como el de cazar todo cuanto volaba. Supo, además, atraerse la simpatía incluso del propio Caudillo con sus prácticas de cetrería. En definitiva, pretendió resucitar aquella afición, propia del medioevo. Su pasión por las aves rapaces y los lobos la llevaba desde la infancia, creemos que desde el instante en que miró al cielo en la comarca de la Bureba o escuchó por primera vez el relato de un pastor sobre los lobos.
Pero la misión para la que Félix estaba predestinado no hubiese podido llevarse a cabo sin su innata capacidad de comunicación, primero a través de la radio y más tarde en televisión. Además fue un disciplinado y ávido escritor, así como un enamorado del estudio de autores célebres en ecología y etología, como Konrad Lorenz, comenzando en su infancia con Jack London.
Félix Rodríguez de la Fuente fue un verdadero genio en una época en que los españoles soñábamos con la libertad; nos hizo comprender también que la libertad no es total sin una naturaleza bella, llena de vida, en la que cada cual tenga su nicho ecológico; una Naturaleza que de ninguna manera tenga que estar reñida o en competencia con la vida del ser humano. Tal vez fue un soñador, pero lo cierto es que en sus programas de radio y televisión logró llegar al corazón de muchos españoles. ¿Quién no recuerda alguno de los episodios de la serie El Hombre y la Tierra? Fue la serie más famosa de la televisión española, vendida a más de cincuenta países. Pero además está su obra escrita, entre las que se cuenta, La Enciclopedia de la Fauna, traducida a varios idiomas. Decir que desde su publicación todos los libros que describen la vida de los animales ya no lo hacen como antes, pues imprimió a sus relatos menos tecnicismos para que todo el mundo los entendiera. Es decir, formó escuela.
Desgraciadamente, la vida de Félix, como todo el mundo sabe, tuvo un trágico final en Alaska. El día 14 de marzo de 1.980 moría al estrellarse su avioneta cuando se disponía a filmar la carrera de trineos más famosa del mundo: la de las 500 millas. El accidente también se llevó la vida de dos de sus compañeros más queridos, la de Alberto Mariano y Teodoro Roa, el mejor cámara del mundo.
Hoy, Félix Rodríguez de la Fuente hubiese cumplido 80 años de edad. De no morir prematura mente, ¿qué no hubiese conseguido este genio de la ecología, sólo comparable a Cervantes cuando hablamos de literatura? La historia nos lo ha arrebatado, porque la historia está llena de avatares. Siempre lo hemos necesitado para curar nuestra maltrecha naturaleza. Y ahora más que nunca, cuando el monstruo del crecimiento "insostenible" ya no hay quien lo pare. Necesitamos hombres como él, con las ideas claras, que no traicionen su legado, que continúen su obra inacabada. Aún hemos de salvar la naturaleza de su total destrucción.
